Por: Nakamura Canché / DHM
La reunión en Palacio Nacional entre la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el enviado de seguridad estadounidense Markwayne Mullin, dejó más humo que acuerdos y, según versiones filtradas desde ambos lados de la frontera, el ambiente fue tenso, ríspido y cargado de advertencias que ya encendieron las alarmas en el tablero político nacional.
El mensaje americano habría sido directo: Washington ya no está “solicitando cooperación”, sino exigiendo resultados inmediatos en los expedientes relacionados con presuntos vínculos entre políticos mexicanos y estructuras criminales asociadas al Cártel de Sinaloa. La diferencia, dicen los enterados, es brutal: antes se hablaba de investigaciones; ahora de acusaciones formales sustentadas en testimonios de exfuncionarios que decidieron colaborar con autoridades estadounidenses.
TERCA Y MÁS…
NOMBRES Y MÁS…
Los rumores que circulan en oficinas diplomáticas y pasillos políticos apuntan a una escalada de expedientes contra figuras de alto perfil en estados estratégicos del país. Tamaulipas, Sonora, Baja California y Michoacán aparecen nuevamente bajo reflectores, mientras en Washington crece la narrativa de que el narcotráfico dejó de ser un asunto exclusivamente criminal para convertirse en tema de seguridad hemisférica.
El problema ya no es únicamente judicial… es político, económico y hasta electoral.
Porque si las presiones aumentan, los mercados reaccionan, las inversiones se frenan y el discurso de estabilidad comienza a hacer agua.
Trompo a la uña:
México entra a una zona peligrosa donde cada declaración, filtración o captura puede convertirse en dinamita pura rumbo al 2027… y mientras unos hablan de soberanía, otros ya preparan maletas, amparos y rutas de escape.
Nakamura Canché / DHM
