Por: Federico Snap.
(A manera de Editorial)
Dicen que en política no existen las casualidades, sino las conveniencias. Y, por lo visto, tampoco existen los desplantes permanentes.
La presidenta Claudia Sheinbaum terminó aceptando la invitación de Donald Trump para asistir al partido que bajará el telón del Mundial de Futbol en Nueva York. Hasta ahí, un acto diplomático para unos; para otros, una fotografía cargada de simbolismos.
Lo curioso es que, cuando el balón rodó en territorio mexicano, la agenda parecía no dar tregua. Ahora, cruzar la frontera resultó posible. ¡Qué caprichosos son los calendarios del poder!
El discurso de la soberanía suele escucharse con voz firme desde el atril. Pero la diplomacia, esa vieja maestra de las contradicciones, obliga con frecuencia a guardar las banderas, acomodar el gesto y sonreír ante las cámaras. Así es el oficio.
Mientras tanto, el Compadre Chiles, que de ingenuo tiene lo mismo que un zorro de vegetariano, observa el espectáculo y concluye:
—En política abundan los discursos de pecho inflado… hasta que suena el teléfono de la Casa Blanca.
Porque una cosa es hablar de dignidad nacional en la conferencia mañanera y otra muy distinta es recibir una invitación del vecino más poderoso del planeta.
Al final, el marcador no se escribe en la cancha del Mundial, sino en la del poder.
Y ahí, querido lector, el silbatazo final todavía está muy lejos de escucharse.
Federico Snap/ DHM…
