Mientras Mérida presume rascacielos, universidades, hospitales privados, parques industriales, turismo internacional y una economía en crecimiento, a menos de 200 kilómetros de distancia existen comunidades donde miles de familias continúan viviendo con profundas carencias.
Ese es el gran contraste de Yucatán: dos realidades que conviven en un mismo territorio.
Los datos del CONEVAL muestran que la pobreza en el estado ha disminuido respecto a años anteriores, pero todavía 36.7% de la población yucateca vive en situación de pobreza y 5.3% en pobreza extrema.
El otro Yucatán
Cuando se revisan los municipios, aparecen nombres que rara vez ocupan los titulares nacionales:
Chikindzonot
Tahdziú
Chemax
Chankom
Cantamayec
En estas comunidades, una elevada proporción de la población enfrenta rezagos en educación, vivienda, servicios básicos, ingresos y seguridad social.
En contraste, Mérida, Conkal y Kanasín registran los menores porcentajes de pobreza del estado.
El verdadero Talón de Aquiles
Durante décadas se ha dicho que Yucatán es un estado seguro.
Y lo es.
También se afirma que existe estabilidad política.
Es cierto.
Pero el verdadero desafío sigue siendo la desigualdad regional.
Mientras el norte concentra inversión, universidades, hospitales, industria y servicios, el oriente y el sur continúan dependiendo de actividades de baja productividad, agricultura de subsistencia, empleo temporal y programas sociales.
No es únicamente un problema de dinero.
Es un problema de oportunidades.
¿Por qué persiste la pobreza?
Entre los factores que más pesan destacan:
rezago educativo;
escasa industrialización fuera de Mérida;
baja productividad del campo;
falta de infraestructura logística;
limitada inversión privada en municipios rurales;
migración constante de jóvenes hacia Mérida, Cancún o Estados Unidos.
La pregunta obligada
Si Yucatán produce alimentos, energía limpia, turismo, manufactura y servicios…
¿Por qué esa riqueza no llega por igual a los 106 municipios?
La respuesta exige revisar el modelo de desarrollo regional y fortalecer la infraestructura, la educación técnica, el valor agregado de la producción local y la atracción de inversiones fuera de la capital.
Cinco propuestas
Crear polos industriales en Valladolid, Tizimín, Tekax y el sur del estado.
Industrializar la producción agropecuaria y forestal.
Llevar internet de alta velocidad y capacitación digital a todas las comunidades.
Incentivar empresas que contraten mano de obra local.
Evaluar con transparencia los resultados de los programas sociales para que complementen, y no sustituyan, la generación de empleo.
Reflexión
Yucatán no necesita dos velocidades.
No puede haber un estado moderno alrededor del Periférico de Mérida y otro que siga esperando oportunidades en las comunidades mayas del oriente y del sur.
La verdadera grandeza de un gobierno no se mide por las obras inauguradas ni por los discursos, sino por su capacidad para cerrar las brechas entre quienes más tienen y quienes menos poseen.
Porque un Yucatán próspero no será aquel donde crezca únicamente la capital.
Será aquel donde los 106 municipios tengan la posibilidad real de progresar.