¡Nada más!
Mientras el ciudadano común hace malabares para llegar a la quincena, en las alturas del árbitro electoral las cifras se cuentan por millones y las explicaciones deberían darse con pelos y señales.
Porque una cosa es tener amigos y otra, muy distinta, que las relaciones personales puedan poner bajo sospecha la imparcialidad de una institución que debería ser ejemplo de transparencia.
Y aquí viene la pregunta de los 64 mil pesos:
¿Cómo exigirle al pueblo que acuda a las urnas con absoluta confianza, cuando quienes deben garantizar la limpieza electoral enfrentan cuestionamientos que ameritan respuestas claras?
¡Nafa menos!
SEGUNDO: ALIBABÁ Y LOS CUARENTA… PROBLEMAS DEL IMSS
El segundo pajarraco lleva bata blanca, aunque no precisamente por ejercer la medicina.
Nos referimos al director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoé Robledo Aburto, bajo cuya administración persisten denuncias y reclamos por carencias en distintas unidades médicas.
Medicamentos insuficientes, insumos que no llegan, equipos envejecidos, instalaciones necesitadas de mantenimiento y trabajadores inconformes con sus condiciones laborales forman parte de los problemas que deben atenderse.
Médicos, enfermeras, camilleros, choferes, personal administrativo y de intendencia merecen algo más que discursos, fotografías oficiales y promesas de escritorio.
Porque mientras desde las oficinas climatizadas se anuncian avances y transformaciones, en hospitales y clínicas hay pacientes y trabajadores que siguen esperando soluciones.
Y conste: no se trata de responsabilizar a una sola persona de todos los males acumulados durante décadas, sino de exigir cuentas a quienes hoy tienen la obligación de resolverlos.
¡Beyhualé!
La salud pública no se cura con conferencias mañaneras ni con estadísticas maquilladas. Se atiende con medicamentos, equipo, presupuesto, personal suficiente y decisiones oportunas.
TERCERO: EL «PURUX», LOS VIP Y LA CHUSMA
Y para cerrar el terceto aparece el multimentado «Purux», Jorge Carlos Ramírez Marín, senador de la República, envuelto en la polémica por una presunta solicitud de trato especial en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
El asunto gira en torno a la posibilidad de disponer de una sala de atención diplomática o preferencial para legisladores.
¡Ah, caray!
¿Será que después de tantos años en las alturas del poder, algunos representantes populares ya no quieren mezclarse con los mortales que hacen filas, cargan maletas y esperan pacientemente sus vuelos?
En la controversia también aparece otro legislador, identificado como «Vilabb», cuyo papel concreto en la gestión deberá esclarecerse.
Porque una cosa son las facilidades institucionales justificadas por funciones oficiales y otra muy diferente convertir el cargo público en pasaporte permanente a los privilegios.
Entre dietas, apoyos legislativos, pasajes y demás prestaciones, los senadores cuentan con recursos que el ciudadano común difícilmente podría imaginar. Por eso, cualquier nuevo beneficio debe explicarse y transparentarse.
Y si tanta urgencia tienen por disponer de salones especiales, oficinas privadas y atenciones principescas, ¿por qué no gestionarlas en el AIFA, esa terminal que tanto presume el discurso oficial?
¡Digo, para ser congruentes!
TAN, TAN…
Tres pajarracos de un tiro: el árbitro electoral bajo sospecha, el sistema de salud con pendientes que duelen y los legisladores tentados por las comodidades del poder.
Tres historias diferentes, pero un denominador común: la distancia entre quienes gobiernan y quienes pagan la cuenta.
Porque en México, cuando se trata de sacrificios, siempre aparece el pueblo; pero cuando se reparten los privilegios, curiosamente, la fila se vuelve mucho más cortita.
Y colorín colorado, este cuento todavía no se ha acabado…
Cuco Mora / DHM