Por Cuco Mora

¡Vaya sainete político el que armó doña Fina!

Con bastón en mano, vozarrón de comandante, terquedad de mula y una paciencia capaz de poner a sudar hasta al mismísimo Job, doña Josefina Ramos González convirtió las puertas del Palacio de Gobierno de Yucatán en escenario de una tragicomedia que, entre pataletas, exigencias y amenazas de permanencia, terminó alimentando el chisme político de la blanca Mérida.

Y como estamos en vísperas de los agarrones electorales de 2027, donde hasta los zopilotes vuelan con credencial partidista, no faltaron quienes comenzaron a preguntarse:

¿QUÉ QUIERE REALMENTE DOÑA FINA?

La señora, de 70 años, decidió instalarse frente a la sede del Ejecutivo estatal para exigir una audiencia personal con Joaquín Huacho Díaz Mena.

Sus reclamos eran variados: un adeudo de agua con la JAPAY, una pensión relacionada con su condición de concubina de su difunto compañero, cuyo trámite corresponde al ISSSTE, y el desazolve de un pozo frente a su domicilio.

¡Hasta ahí, todo legítimo!

Porque protestar es un derecho constitucional y exigir servicios públicos eficientes no constituye pecado, delito ni afrenta contra los ungidos del poder.

Pero una cosa es reclamar derechos y otra convertir la protesta en una función de teatro con espectadores, cámaras y funcionarios haciendo fila para convencer a la protagonista.

¡MATÓ CULEBRA EN VIERNES SANTO!

Como diría nuestro inefable Compadre Chiles.

Según informó el Gobierno del Estado, el adeudo de agua, por apenas 500 pesos, fue condonado; comenzaron los trabajos para atender el pozo y se ofreció acompañamiento jurídico para revisar el asunto de su pensión.

¡Tres pájaros de un tiro!

Sin embargo, cuando algunos funcionarios pensaban que el asunto estaba resuelto y podían regresar tranquilamente a sus oficinas, ¡tómala, barbón!

Doña Fina sacó otro conejo del sombrero.

Ahora quería hablar con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, aprovechando su anunciada visita a Yucatán.

Y, por si fuera poco, pretendía que la mandataria federal acudiera personalmente hasta su plantón.

¡Faltaba más!

Porque si ya había conseguido movilizar a funcionarios estatales, ¿por qué no intentar sentar frente a ella a la mismísima inquilina de Palacio Nacional?

¿TERQUEDAD, NECESIDAD O ESTRATEGIA?

Aquí es donde el asunto comienza a oler a pólvora electoral.

Durante cuatro días, doña Josefina resistió las inclemencias del tiempo, las recomendaciones médicas y hasta las súplicas de sus propias hijas, quienes, según las versiones difundidas, le pidieron entre lágrimas regresar a casa.

Paramédicos y personal del DIF acudieron para ofrecerle atención, especialmente después de las lluvias.

Pero la protagonista no parecía dispuesta a abandonar el escenario.

Mientras tanto, las cámaras grababan, las redes sociales multiplicaban las imágenes y la protesta adquiría dimensiones que difícilmente habrían alcanzado sus demandas originales.

Finalmente, doña Fina levantó el plantón y regresó a su domicilio.

Eso sí, con advertencia incluida:

¡Podría regresar en diez días!

¡LO RARO DEL ASUNTO!

Aquí viene lo sabroso.

¿Cómo una protesta individual, nacida de reclamaciones administrativas y personales, consiguió semejante resonancia mediática?

¿Por qué el episodio coincidió con los preparativos de una visita presidencial?

¿Fue simple casualidad, oportunidad política o alguien descubrió que aquella protesta podía convertirse en una piedrita dentro del zapato gubernamental?

Porque en política, estimados lectores, las coincidencias existen, pero también existen quienes saben aprovecharlas.

En los cafés, corredores políticos, redacciones y tertulias de la sociedad emeritense comenzaron a circular versiones de todos los tamaños y colores.

Que si había manos negras.

Que si alguien alentaba la protesta.

Que si existían intereses electorales.

¡Hasta especulaciones sobre dinero extranjero salieron a relucir!

Pero cuidado: una cosa es el chisme y otra la prueba documental.

Hasta donde se ha establecido públicamente en este relato, no existen elementos suficientes para atribuirle a doña Josefina financiamiento clandestino, patrocinadores políticos o instrucciones de terceros.

Y Cuco Mora podrá ser malpensado, pero no pretende convertir una sospecha en sentencia.

EL VERDADERO PROBLEMA

Lo verdaderamente preocupante no es que una ciudadana reclame sus derechos.

Lo preocupante sería que los ciudadanos necesitaran instalarse frente al Palacio de Gobierno, exponerse a las lluvias, convocar cámaras y amenazar con permanecer indefinidamente para obtener respuestas que las dependencias deberían ofrecer mediante sus procedimientos ordinarios.

Porque si una cuenta de 500 pesos, un pozo obstruido y un expediente de pensión pueden provocar semejante movilización institucional, habría que preguntar:

¿Cuántos yucatecos enfrentan problemas similares sin cámaras, micrófonos ni posibilidades de acercarse al gobernador?

¿Se atienden las solicitudes por orden de justicia administrativa o por el tamaño del escándalo?

¿Y qué sucederá cuando otros ciudadanos descubran que un plantón resulta más eficaz que meses de trámites?

¡AGUAS CON EL 2027!

No olvidemos que el calendario electoral comienza a proyectar su sombra sobre Yucatán.

Morena, PAN, PRI, Movimiento Ciudadano y demás protagonistas de la fauna partidista tienen motivos para observar cualquier episodio capaz de alterar el ambiente político.

Un conflicto vecinal puede transformarse en bandera electoral.

Una protesta legítima puede ser aprovechada por terceros.

Y una autoridad que resuelve tarde puede terminar pagando políticamente lo que administrativamente debió solucionar temprano.

Pero tampoco se vale descalificar a una mujer por protestar ni convertir su insistencia en evidencia de una conspiración.

LA PREGUNTA DE LOS 64 MIL PESOS

Si sus principales demandas ya recibieron respuesta, ¿qué asuntos pendientes justificarían su anunciado regreso?

¿Busca una solución definitiva para su pensión?

¿Considera insuficiente la intervención de las autoridades?

¿Pretende simplemente ser escuchada por la presidenta?

¿O existe alguna historia todavía desconocida detrás de este episodio?

Son preguntas periodísticas que merecen respuestas, no acusaciones fabricadas.

Por lo pronto, doña Fina consiguió algo que muchos aspirantes a cargos públicos quisieran: cuatro días de reflectores, funcionarios pendientes de sus declaraciones y un lugar privilegiado en las conversaciones políticas de Mérida.

¡Y sin contratar encuestadoras, publicistas ni asesores de imagen!

AL TIEMPO…

Porque si regresa dentro de diez días, como advirtió, habrá que observar quién la acompaña, cuáles demandas permanecen pendientes y qué respuestas ofrecen las instituciones.

Y si no regresa, también será noticia.

Mientras tanto, estimados lectores, recuerden aquella máxima de la vieja escuela periodística:

En política hay que investigar hasta debajo de las piedras, pero jamás confundir el ruido con las nueces.

Y a propósito…

¿Qué quiere doña Fina? ¿Justicia, audiencia presidencial o simplemente que alguien termine de escucharla?

¡Que cada quien saque sus conclusiones!

Cuco Mora
Opinión de Yucatán — Diario de Diarios
18 de octubre de 2026

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