Como suele suceder con la historia –o con la idea que tenemos de ella–, cuando pensamos en la construcción de grandes monumentos de la Antigüedad tendemos a imaginar a hombres adultos levantando obras colosales. Y el Ejército de terracota no ha sido una excepción: durante mucho tiempo se dio por hecho que sus miles de guerreros habían salido, uno tras otro, de manos exclusivamente masculinas.
Pero una nueva investigación publicada en Journal of Cultural Heritage cuestiona esa imagen y sugiere que, entre quienes fabricaron las figuras que custodian la tumba del emperador Qin Shi Huang desde hace unos 2.200 años, también pudo haber mujeres y menores de 15 años.
El Ejército de Terracota, un hallazgo de 1974
La historia moderna de los guerreros comienza en 1974, cuando unos agricultores que excavaban un pozo a unos 1,5 kilómetros de la tumba del emperador encontraron fragmentos de figuras de tamaño real. Aquel hallazgo permitió descubrir un inmenso ejército subterráneo que, según Science Alert, comprende alrededor de 8.000 guerreros, 130 carros con 520 caballos y otros 150 caballos de caballería. Y todavía queda buena parte de la necrópolis por excavar.
Desde entonces, las investigaciones se han concentrado sobre todo en averiguar cómo se fabricaron las figuras. Algunas defendían que distintos talleres producían brazos, piernas y cabezas por separado para montarlos después. Otras, basadas en la distribución de las estatuas y sus marcas, apuntaban a talleres que elaboraban figuras completas.
Las inscripciones también ayudaron a reconstruir aquella organización. Según recoge el estudio, las inscripciones llevaron a distinguir entre alfareros “reales”, que utilizaban el carácter “Gong”, y alfareros locales. Además, los análisis de la arcilla revelaron diferencias entre las piezas marcadas como “Gong” y “Xianyang”, lo que sugiere que podrían proceder de dos talleres distintos. Pero, pese a esos avances, la edad y el sexo de quienes trabajaron la arcilla seguían siendo prácticamente un misterio.

Huellas dactilares en la arcilla de los guerreros
Ahora, para intentar resolver la incógnita, los investigadores del nuevo estudio encontraron una pista en las propias figuras o, más en concreto, en las huellas dactilares que sus creadores dejaron sin querer al manipular la arcilla todavía húmeda. Una especie de firma biológica que ha sobrevivido durante más de dos milenios.
Para descifrarla, el equipo liderado por el arqueólogo Xiaoxi Li, del Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang, analizó 79 huellas bien conservadas de 36 guerreros de la unidad T23 del foso 1, según detalla el estudio.
Las marcas aparecieron en distintas partes de las figuras, desde las cabezas hasta un pie. Según Science Alert, 73 eran huellas superficiales producidas durante el moldeado, modelado y ensamblaje de las piezas. Las otras seis se formaron al presionar sobre la arcilla elementos decorativos preparados previamente, principalmente clavos de armadura y cinturones.
Probabilidades para descifrar las huellas
Para obtener pistas sobre la edad y el sexo de los artesanos, los investigadores analizaron la distancia entre las crestas dactilares, que aumenta durante el crecimiento y suele ser ligeramente mayor en los hombres adultos que en las mujeres. No obstante, las medidas pueden solaparse entre distintos grupos, como ocurre con los adolescentes y las mujeres adultas.
Para sortear esa dificultad, los investigadores no intentaron asignar una edad y un sexo a cada huella. En su lugar, utilizaron un modelo de mezcla bayesiano, un método estadístico que calcula probabilidades para estimar qué proporción de huellas podría pertenecer a cada grupo, teniendo en cuenta la incertidumbre.
Este enfoque también aborda una limitación de los análisis tradicionales, que trataban la separación entre las crestas y su densidad como dos indicadores independientes, aunque en realidad son medidas inversas de una misma característica.
Las huellas apuntan a la participación de mujeres y menores
Con este método, los investigadores obtuvieron resultados que apuntan a una mano de obra más diversa de lo que se creía: el 45 % de las huellas analizadas se atribuiría a hombres adultos, el 32,7 % a mujeres adultas y el 22,3 % a menores de 15 años. Este límite de edad se estableció a partir de textos jurídicos de la dinastía Qin sobre la responsabilidad legal según la edad.
La posible participación de menores cobra sentido al revisar los registros históricos. Science Alert recuerda que unos textos de la Academia Yuelu, conservados en tablillas de bambú, describen un sistema de aprendizaje en el que un aprendiz completaba su formación en un año, mientras que un nuevo artesano lo hacía en dos.
Los investigadores creen posible que los aprendices participaran en las labores menos complicadas, como añadir adornos a las armaduras, mientras que los artesanos con más experiencia se ocupaban de los trabajos más exigentes.
Tampoco sería extraño que hubiera mujeres en aquellos talleres. Las inscripciones encontradas en lacados de la dinastía Qin ya mencionaban a mujeres adultas, niñas y niños que participaban en la producción artesanal bajo supervisión estatal. El nuevo hallazgo abre así la posibilidad de que esa diversidad también existiera en la fabricación del Ejército de Terracota.
Los límites del estudio sobre los Guerreros de terracota
Eso sí, los propios autores piden prudencia. Los porcentajes reflejan la distribución de las huellas analizadas, no la proporción real de trabajadores. Algunos artesanos podrían haber dejado varias marcas y otros ninguna. Además, los menos experimentados quizá dejaron más huellas en la arcilla que quienes dominaban mejor la técnica.
A estas posibles diferencias se suman otras limitaciones. Todas las huellas estudiadas proceden de una única sección del yacimiento y el modelo se apoya en datos de referencia europeos modernos, lo que podría llevar a sobrestimar la presencia de mujeres y menores. También existe incertidumbre por los cambios de tamaño de la arcilla durante el secado y la cocción, aunque los investigadores los tuvieron en cuenta en sus cálculos.
Pese a estas reservas, algo parece claro: la idea de que solo manos de hombres adultos dieron forma a los guerreros empieza a resquebrajarse. Las pequeñas marcas que permanecieron en la arcilla durante más de dos milenios sugieren que detrás de este ejército pudo haber una historia mucho más diversa de lo que se imaginaba.
