CAQUISTOCRACIA
Por Cuco Mora
Definición.— Caquistocracia es una voz utilizada para referirse al gobierno de los peores. Pero, pasada por el molino satírico de Cuco Mora, adquiere todavía más filo: el arte de gobernar convirtiendo la cosa pública en un estercolero de incompetencia, corrupción y ocurrencias.
Y que conste: esto último no pretende ser definición académica. Es puro y legítimo colmillo periodístico.
Independencia, soberanía y justicia constituyen pilares fundamentales de cualquier gobierno que aspire a mantener la frente en alto y recibir de su pueblo el reconocimiento necesario para conservar legitimidad y confianza.
Porque gobernar no consiste únicamente en ocupar el poder.
Gobernar es responder.
RENOVACIÓN O REVOCACIÓN…
Cuando una economía pierde dinamismo; cuando el bolsillo familiar no alcanza; cuando amplios sectores de la población encuentran dificultades para satisfacer necesidades esenciales como educación, empleo, alimentación y seguridad, las luces de alarma deben encenderse en los palacios de gobierno.
No basta entonces el discurso.
Mucho menos la propaganda.
La renovación de un gobierno exige capacidad, empatía, profesionalismo, honradez, honorabilidad y un equipo de colaboradores que conozca su oficio. Requiere también firmeza, sensibilidad social y liderazgo acorde con las necesidades de la población.
Porque gobernar es comunicar, pero también escuchar.
Es transparentar y rendir cuentas.
Es evitar simulaciones.
Es ejercer el poder con razón y congruencia entre lo que se promete, lo que se dice y, sobre todo, lo que realmente se hace.
Cuando esa congruencia desaparece, comienza el divorcio entre gobernantes y gobernados.
Y allí germina la caquistocracia.
No necesariamente porque todos quienes gobiernan sean incapaces o deshonestos, sino porque las instituciones pueden deteriorarse cuando la lealtad desplaza a la capacidad, la improvisación sustituye a la planeación y la propaganda pretende ocupar el sitio de los resultados.
El poder público no es patrimonio de partidos, familias, camarillas ni iluminados.
Es un mandato temporal otorgado por los ciudadanos.
Por eso las democracias cuentan con elecciones, contrapesos, transparencia, rendición de cuentas y, bajo determinadas reglas constitucionales, mecanismos de participación como la revocación de mandato.
El gobernante administra.
El ciudadano manda.
Así pues, combatir la caquistocracia no significa cambiar unos malos por otros peores. Significa fortalecer instituciones y exigir que quienes aspiren al servicio público acrediten capacidad, integridad y resultados.
Porque los pueblos pueden soportar errores.
Lo que difícilmente soportan eternamente es que los errores se conviertan en sistema.
Y cuando la incompetencia se institucionaliza, la corrupción se normaliza y la ocurrencia se convierte en política pública…
la caquistocracia deja de ser una palabra satírica para convertirse en una advertencia ciudadana.
Cuco Mora / DHM
