Por: Cuco Mora
Han sido dos arduos años de trabajo intenso, prácticamente 24/7. Y para muestra, un botón:
Han caído sobre Mérida lluvias fuera de los registros acostumbrados y, como por arte de magia, apenas un par de horas después los grandes encharcamientos desaparecen. Calles y avenidas vuelven a quedar transitables y ya no son tan frecuentes aquellas escenas de vehículos varados hasta los ejes, cuyos propietarios tenían que pedir grúas para sacarlos del atolladero.

¿Y cómo así? ¿Por qué ya no sucede como antes? ¿Qué pasó?
Elemental, mi estimado Watson: no es magia. Es chamba.
Una joven mujer, mejor conocida como “La Chula” o “La Tía Ceci”, se ha fajado los pantalones y no vive solamente del cuento.
Cecilia Patrón Laviada supervisa trabajos de repavimentación de las rías citadinas; mete mano al desazolve de rejillas y sistemas pluviales, sobre todo en las zonas críticas; impulsa megaaljibes, jardines de lluvia y pozos de drenaje pluvial; anticipa acciones antes de que lleguen los torrenciales desafogues acuosos del dios Chaac; duplica cuadrillas de bacheo, atiende camellones y aprovecha la experiencia de los aguerridos trabajadores municipales.

Y cuando la lluvia aprieta, arma brigadas en las que aparecen también funcionarios municipales trabajando hasta altas horas de la noche.
Lo curioso es que, cuando llega el alba, la Tía Ceci ya está pinta y parada, metida nuevamente en lo suyo.
730 DÍAS…
El próximo sábado 29 de agosto rendirá su segundo informe de gobierno en la plazoleta de la comisaría de Dzityá.
Aunque, a decir verdad, más que revelaciones habrá un compendio de lo realizado durante estos aproximadamente 730 días, pues cada lunes, frente a los medios de comunicación, informa lo hecho durante la semana, responde cuestionamientos y anticipa algunos de los proyectos que trae bajo el brazo para Mérida y sus comisarías.

Eso también tiene su mérito: gobernar bajo el escrutinio permanente de una ciudad que crece, exige, reclama y no perdona fácilmente los errores.
Porque tampoco hay que engañarnos.
Mérida todavía tiene baches, calles deterioradas, problemas de movilidad, banquetas imposibles y zonas que se convierten en pequeñas lagunas cuando Chaac abre las compuertas. Falta mucho por hacer.
Pero una cosa no elimina la otra.
LO JUSTO, JUSTO…
Sin caer en el elogio personal ni convertir estas líneas en incienso político, lo justo también debe reconocerse.
Cuando algo está mal, se señala.
Cuando alguien se equivoca, se critica.
Pero cuando las cosas funcionan, también hay que decirlo.
Y Cecilia Patrón Laviada merece, hasta ahora, nutridas palmas por el trabajo realizado.
Eso sí:
Que en el año tercero no afloje, no se rinda y mucho menos se canse, porque los aplausos de hoy pueden convertirse mañana en recordatorios y reclamos.
La ciudad no necesita milagros.
Necesita planeación, mantenimiento, prevención, trabajadores en la calle y funcionarios que entiendan que gobernar no consiste únicamente en cortar listones.
Así que aquello que algunos podrían atribuir a un acto sobrenatural tiene una explicación bastante terrenal:
¡¡NO ES MAGIA… ES CHAMBA!!
Y mientras esa chamba dé resultados, hay que reconocerla.
Después de todo —parafraseando al viejo Enrique IV—:
Mérida bien vale una misa… ¿o no?
Cuco Mora
DAHEMONT
