Por: Federico Snap

Ante los acontecimientos políticos registrados en el norteño estado de Sinaloa, incluidas las posturas asumidas por las bancadas legislativas morenistas y el contundente mensaje político de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el caldero nacional ardió casi hasta el punto de ebullición.

Silencio…?

Las miradas voltearon hacia Palenque y, mientras tanto, el mutismo de los López se hizo presente.

Nunca segundas partes son buenas…

Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura después de más de tres meses de licencia y apenas unas horas después tuvo que volver a guardar los tiliches: nueva licencia, ahora por tiempo indefinido. Algo así como: “bye, bye, baby; si tienen tele, ahí se ven…”- diría Brozo.

¡Cosas veredes, mío Cid!

Así se están jugando los dados en este México lindo y querido. Porque una cosa es mover las piezas en el tablero político y otra, muy distinta, resolver el incendio sinaloense.

El CO. Imparable…

Los terceros en discordia —los malosos— no necesariamente dejarán de echar bala, cobrar piso, extorsionar aguacateros, limoneros, comerciantes, transportistas y demás “eros”, aunque las estadísticas oficiales aseguren que la violencia disminuye y poco falte para informarnos que hasta los malandrines se metieron al seminario.

BARBAS EN REMOJO…

Pero cuidado: lo ocurrido en Sinaloa difícilmente quedará encerrado entre sus fronteras.

Cuando desde el propio oficialismo se marca distancia de uno de los suyos, cuando una presidenta hace valer públicamente su autoridad política y cuando un gobernador regresa al poder para volver a salir prácticamente con las maletas todavía desempacadas, el mensaje inevitablemente llega a otros palacios estatales:

Pongan sus barbas en remojo.

Susurró el picoso Compadre Chiles.

Porque si la nueva regla consiste en que nadie puede convertirse en lastre político rumbo a 2027, habrá gobernadores, alcaldes, legisladores y funcionarios que desde ahora deberán revisar expedientes, amistades incómodas y cadáveres guardados en el clóset.

Y entonces llegará septiembre.

El Mes de la Patria dejará escuchar los gritos desde Palacio Nacional y los tronidos de los cuetes se mezclarán con otros estruendos menos festivos.

Entre vivas a los héroes, campanazos y fuegos artificiales, más de uno estará mirando hacia arriba preguntándose si aquello que truena es pólvora de fiesta…

o si ya comenzaron a caer los rayos políticos.

¡Sálvese quien pueda!

Oki dijo aquel muy enfiestado y con la lumbre en los aparejos.

Beyhualé que es jarana…

“!!No están solos, no están solos!!…

F. Snap

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