ILOTA
Por Federico Snap

Es posible medir el daño que provoca un gobernante que convierte la mentira en método y el debilitamiento de las instituciones en estrategia?

La historia demuestra que el deterioro de una nación rara vez comienza de un día para otro. Empieza cuando el poder deja de rendir cuentas, cuando la verdad se sustituye por propaganda y cuando la ley se acomoda al capricho de quien gobierna.

El mayor peligro no radica únicamente en los errores de un gobernante, sino en la construcción de un sistema donde la lealtad vale más que el mérito, donde el aplauso reemplaza a la crítica y donde las alianzas con los sectores más degradados de la vida pública terminan justificándose en nombre de una supuesta causa superior.

Entonces las instituciones dejan de servir al ciudadano para servir al poder; la justicia pierde el equilibrio y la democracia comienza a vaciarse desde dentro.

La pregunta queda en el aire: ¿en qué momento una sociedad advierte que el problema ya no es un hombre, sino el modelo de gobierno que ese hombre ha construido?

Porque reconstruir un edificio es posible; recuperar la confianza de un pueblo puede tomar generaciones.

Federico Snap/ DHM…

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