Por Cuco Mora / FS / DHM
La foto del abrazo colectivo ya parece estampita de despedida política.
“¡No estás solo!”, le repiten entre sonrisas y apretones, mientras en los pasillos del poder comienza el clásico juego del “yo no fui”, “yo no sabía” y “todo era responsabilidad del de al lado”.
Como era de esperarse, Rubén Rocha Moya habría decidido solicitar licencia al gobierno de Sinaloa, luego de las presiones internacionales y del creciente ruido judicial proveniente de cortes estadounidenses, donde el tema del narcotráfico, el tráfico de armas y las redes de protección política ya dejó de ser simple rumor de café.

En Palenque —dicen los enterados— se habría cocinado una larga reunión de emergencia entre los arquitectos y operadores del llamado “sexenio del terror”, tratando de contener el incendio antes de que las llamas alcancen los pisos superiores del obradorismo tropical.
La consigna fue simple:
“Salvar el proyecto… aunque haya que sacrificar piezas.”
Y así, Rocha aparecería acompañado de otros “coaligados” rumbo al banquillo mediático y judicial de Nueva York, mientras los abrazos públicos contrastan con las negociaciones privadas.
Pero la lista, aseguran los malpensados de siempre, apenas comenzaría…
Porque en la pecera política todavía nadan tiburones mayores: Bartlett, Delgado, Adán Augusto, Jesús Ramírez, Andy, Requena y otros personajes que durante años caminaron entre sombras, discursos patrióticos y pactos silenciosos.
La narrativa oficial insiste en que todo es conspiración extranjera.
La calle, en cambio, ya huele a naufragio.
Y mientras unos rezan por inmunidad diplomática, otros empiezan discretamente a preparar maletas… y abogados.
Cuco Mora/ FS/ DHM…
