Por: Cuco Mora

Como advertimos hace algunos ayeres en nuestras “benditas redes sociales”, la señora inquilina de Palacio Nacional parece cansada, fastidiada y a punto de aventar el dichoso “bastón de mando” que le endilgó el señor de “La Chingada” —el rancho palencano, plis—.

La herencia no fue cualquier cosa: estrechez de dinero, obras cuestionadas e inconclusas, hijos y entenados políticos, una retahíla de adeptos del AMLORE y toda una ríndala de inútiles que convierten cada metida de pata en motivo de aplauso. ¡Todo un rocanrol de pendejadas!

Después de dos años al frente del gobierno, la pregunta cae por su propio peso: ¿cuánto tiempo más puede cargar con los platos rotos del sexenio anterior y, encima, agradecer la vajilla?

Desde este rincón, la lectura es que empieza a tantear cómo ejercer el mando propio. Si García Harfuch y los pocos colaboradores de su confianza constituyen el apoyo que necesita para sacudirse tutelas, entonces “desplumar al Ganzo” dejaría de ser una ocurrencia y empezaría a convertirse en estrategia.

Pero sobre su cuello ronda una disyuntiva que aquí bautizamos como “revocación o rebelión”: el costo de contrariar a quienes confunden la continuidad de un proyecto con la obediencia perpetua a su fundador.

¿Y los de la Casa Blanca, allá en gringolandia? ¿Le darían respaldo para pasar la aspiradora? Es una pregunta; el supuesto apoyo necesita pruebas. Y hablamos de aspiradora, plis, no de esa “Barredora” cuyo nombre ya tiene demasiadas resonancias tabasqueñas.

Porque una cosa es anunciar limpieza y otra levantar la alfombra, aunque debajo aparezcan las plumas de los consentidos.

¡Hay que ver los efectos, ya!

Cuco Mora/ DHM…

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