Por: Cuco Mora

Hay impunidad o no hay impunidad?

La pregunta no es ociosa cuando un senador de la República, investido de poder político y protegido por las garantías propias de su encargo, se dirige a un periodista con una frase que, por donde se le mire, resulta intimidatoria:

“Vamos a ir tras de ti”.

Acevedo

El autor fue el senador morenista Luis Fernando Salazar. El destinatario, el periodista Enrique Acevedo, después de la difusión de un reportaje relacionado con la senadora con licencia Julieta Ramírez y un presunto acuerdo con autoridades estadounidenses, versión que ella ha negado.

Salazar después borró su publicación, explicó que hablaba exclusivamente de recurrir a las vías legales y terminó ofreciendo una disculpa pública.

Bienvenida la disculpa.

Salazar

Pero el borrador digital no tiene goma suficiente para borrar la pregunta de fondo: ¿qué demonios hace un representante del Estado diciéndole a un periodista que “vamos a ir tras de ti”?

Una cosa es desmentir una información. Otra, exigir pruebas. Otra muy distinta, anunciar desde una posición de poder que se irá “tras” quien publicó algo incómodo.

Hasta la presidenta Claudia Sheinbaum marcó distancia.

La mandataria condenó públicamente las expresiones y recordó algo elemental para cualquier funcionario: se puede estar en desacuerdo con un periodista o con un medio, pero jamás debe emplearse un lenguaje que pueda interpretarse como amenaza.

¡Ahí está el meollo!

El poder no concede licencia para intimidar.

Y el fuero constitucional tampoco debe confundirse con patente de corso. No convierte al legislador en intocable ni significa que pueda decir cualquier cosa sin consecuencias. Sirve para proteger el ejercicio de determinadas funciones parlamentarias; no debería convertirse en escudo psicológico para sentirse por encima de la ley.

¿Hubo jurídicamente una amenaza delictiva?

Eso, mi estimado lector, corresponde determinarlo a las autoridades competentes si existe una denuncia y se integra el procedimiento correspondiente. Cuco no trae toga ni pretende convertirse en Ministerio Público.

Pero políticamente el asunto apesta.

Porque cuando un ciudadano cualquiera pronuncia ciertas palabras, carga solamente con el peso de su voz. Cuando las pronuncia un senador de la República, detrás aparecen el cargo, la estructura política, las relaciones y la capacidad real o aparente de hacer valer el poder.

Y ahí cambia la dimensión del madrazo verbal.

Enrique Acevedo respondió poniendo el dedo justamente sobre esa diferencia: una cosa es controvertir el contenido de un reportaje y otra atacar a quien lo publica.

Por eso la pregunta permanece:

¿Hay impunidad o no hay impunidad?

La respuesta no se conocerá por el tamaño del escándalo en redes sociales ni por la velocidad con que se borre una publicación. Se conocerá cuando sepamos si las instituciones tratan igual al ciudadano de a pie que al personaje que porta credencial, tribuna y fuero.

Porque una disculpa puede cerrar una bronca personal.

Pero no necesariamente resuelve el problema institucional.

Y menos en un país donde ejercer el periodismo puede convertirse en actividad de riesgo y donde una frase aparentemente bravucona, pronunciada desde el poder, jamás debe tomarse a la ligera.

Así que, senador:

Si considera falso un reportaje, desmiéntalo.

Si tiene pruebas, exhíbalas.

Si estima que fue difamado alguien, están los tribunales.

Pero aquello de “vamos a ir tras de ti”…

¡Utamaye! Esto no sabe a jugo de tomate…

Eso no suena precisamente a invitación para tomar café.

 Cuco Mora/ DHM…

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