Por Cuco Mora.

“Vehículo cargado de explosivos, explota frente a la Comandancia en un poblado extremeño zacatecano que causa daños materiales y deja personas heridas”- reconoce el gobierno , mas no lo califica como  “atentado terrorista con coche bomba”-afirman aquellos que comulgan todavía con el lema obradorista “ abrazos, no balazos”…

Protección Civil de esa entidad, intervienes para recoger los despojos, canalizar a las víctimas entre ellas menores de edad cuya total inocencia ignora el porqué del atentado…

Como se sabe, este tipo de recurso criminal, de hace presente con mayor frecuencia al estilo colombiano en tiempos de famoso capó Pablo Escobar Gaviria, que acabó con la vida de cientos de de personas estre ellas funcionarios, jueces, legisladores , etc., como ahora estos “ aprendices de malosos”, realizaban, empero se llevan entre las patas a gente inocente…

Remarcar, que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, pues el gobierno de la 4T., cambia conceptos semánticos, rasura listas de desaparecidos e ignora el cúmulo de muertos por la violencia imperante, la “mandataria CSP., rinde su segundo informe, en un país de las mil maravillas de La Paz y la tranquilidad que impera nos hace “muy felices” y los pobres son más pobres para beneplácito de las urnas en tiempos electorales  . Queda claro?

 5354 beyhuale ninio…Bombazo o tamborazo en la marcha zacatecana..

CM/ DHM…

¿BOMBAZO O TAMBORAZO?

Por Cuco Mora

(A MANERA DE La IA…)

“Un vehículo cargado con explosivos estalla frente a una comandancia policiaca en un poblado zacatecano, causa daños materiales y deja personas heridas, entre ellas menores de edad”.

Así, palabras más, palabras menos, se reconoce el hecho. Lo que no aparece con la misma contundencia es la palabra que muchos ciudadanos inmediatamente colocan sobre la mesa: ¿atentado?, ¿coche bomba?, ¿terrorismo?

Y ahí comienza el baile semántico.

Porque una cosa es la definición jurídica que corresponda después de las investigaciones y otra, muy distinta, la realidad que contempla el ciudadano: un vehículo, explosivos, una instalación de seguridad como objetivo y civiles inocentes pagando los platos rotos.

Protección Civil y los cuerpos de emergencia entran entonces a recoger los pedazos del desastre, atender heridos y auxiliar a víctimas que nada tenían que ver con pleitos criminales. Entre ellas, menores de edad cuya inocencia no entiende de cárteles, territorios, venganzas ni discursos oficiales.

¿COLOMBIANIZACIÓN?

El asunto preocupa por otra razón.

El uso de vehículos cargados con explosivos inevitablemente recuerda una de las páginas más negras de Colombia, cuando el narcoterrorismo encabezado por Pablo Escobar Gaviria utilizó coches bomba para sembrar miedo, presionar al Estado y asesinar indiscriminadamente.

México no es aquella Colombia y sería irresponsable asegurar que estamos exactamente frente al mismo fenómeno.

Pero también sería irresponsable cerrar los ojos.

Si organizaciones criminales mexicanas incorporan explosivos, drones, minas artesanales o vehículos bomba a sus disputas y ataques contra autoridades, la pregunta obligada es:

¿Hasta dónde hemos permitido que escale la capacidad de fuego del crimen organizado?

Porque cuando una explosión alcanza a niños y civiles, la discusión ya no puede reducirse a escoger la palabra políticamente menos incómoda.

AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA…

Durante años México escuchó aquello de “abrazos, no balazos”.

Hoy el debate debe abandonar consignas y entrar al terreno de los resultados.

No importa si desde el escritorio alguien decide llamarlo explosión, artefacto, vehículo incendiado, ataque criminal o cualquier otra expresión cuidadosamente escogida.

Lo verdaderamente importante es saber quién colocó los explosivos, quién ordenó el ataque, contra quién iba dirigido, qué organización está detrás y qué capacidad tiene el Estado para impedir que vuelva a suceder.

Y mientras la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo presenta el balance de su gobierno y destaca reducciones en determinados indicadores delictivos, episodios como éste obligan a contrastar las estadísticas nacionales con la violencia que padecen determinadas regiones.

Ni todos los números oficiales deben desecharse por consigna, ni una estadística favorable puede borrar una explosión.

Porque, como decía la abuela:

aunque la mona se vista de seda… mona se queda.

Y si un vehículo cargado de explosivos revienta frente a una instalación policiaca, dejando heridos y sembrando terror entre la población, podrán discutir los abogados durante meses cómo clasificarlo.

El ciudadano de a pie seguramente utilizará una palabra mucho más sencilla:

¡BOMBAZO!

¿O quieren que le llamemos tamborazo en plena marcha zacatecana?

Ahí se las dejo…

CM/ DHM…

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