Por Cuco Mora…
El uno de octubre próximo, se cierran dos años de gobierno (?), que según los enterados en gobernanza, se han esfumado frente a un atril con micrófono y una mujer, que al tomar posesión prometió mucho y superar la problemática que entonces, la nación navegaba en un mar de revolcadero que no veía el puerto, solo tenía en sus manos un bastón de mando y no un timón para enfilar la nave con 125 millones de pasajeros…

CSP., ha tratado de soltar las amarras que su antesesor le impuso, adentro y afuera de su gabinete y afuera, con el nefasto crimen organizado, con la intromisión de su “movimiento de renovación”, con una clase empresarial comprometida hasta la ignominia, las fuerzas armadas corrompidas, los hijos, parientes y amigos de los críos López Beltrán, metidos en mil y un trampuchetas fiscales, Las obras “ cumbres”, inoperantes, la economía todo un cochinero, etc., que ni él mismo Hombre de Acero o la mujer maravilla resolverían con sus súper poderes.
Para colmo, un vecindario achocon, injerencista, metiche y aplicador de aranceles pidiendo cuentas de justicia y una reciba de funcionarios implicados a tutiplen. Así como?
Viene un segundo informe que trae páginas vacías, invisibles, inciertas, todo un galimatías su lectura…

Se los dejo de tarea. Ok?
CM. DHM…
A MANERA DE EDITORiAL: (IA).
NOTA PLUS: Dos años de Sheinbaum: entre la herencia, el poder y la hora de los resultados
A medida que se aproxima el segundo aniversario del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, la discusión política comienza inevitablemente a cambiar de terreno.
La pregunta ya no es únicamente qué país recibió de Andrés Manuel López Obrador, sino qué ha hecho con él, qué ha corregido, qué ha conservado y, sobre todo, hasta dónde está dispuesta a imprimir un sello propio a su administración.
Dos años representan aproximadamente la tercera parte de un sexenio. Es tiempo suficiente para que una administración deje de ser considerada recién llegada, pero todavía insuficiente para emitir una sentencia definitiva sobre su legado.
Precisamente por ello, el momento resulta políticamente importante: comienza la etapa en la cual las explicaciones sobre la herencia recibida pierden fuerza y aumenta la exigencia de resultados atribuibles directamente a la actual presidenta.
EL PESO DE LA HERENCIA
Sheinbaum llegó a Palacio Nacional respaldada por la enorme fuerza electoral de Morena y por el capital político construido durante el gobierno de López Obrador.
Esa continuidad representó una ventaja extraordinaria para comenzar el sexenio, pero también significó recibir compromisos, estructuras, personajes y decisiones difíciles de modificar sin provocar tensiones dentro del propio movimiento.
Ahí aparece una de las contradicciones centrales de su administración: continuar sin parecer subordinada; cambiar sin romper; corregir sin descalificar la herencia de quien la llevó políticamente hasta Palacio Nacional.
No es tarea sencilla.
Cada modificación importante puede interpretarse como distanciamiento del expresidente; cada continuidad polémica, en cambio, alimenta la versión de quienes sostienen que el nuevo gobierno todavía no termina de desprenderse del anterior.
SEGURIDAD: LA PRUEBA MÁS DURA
En materia de seguridad, las cifras oficiales y la percepción ciudadana deberán confrontarse permanentemente con la realidad cotidiana. Homicidios, desapariciones, extorsiones, cobro de piso, tráfico de drogas y presencia de organizaciones criminales continúan siendo asuntos capaces de alterar cualquier balance gubernamental.
La administración federal ha buscado mostrar una estrategia con mayor coordinación institucional e inteligencia. Sin embargo, el ciudadano no mide la seguridad únicamente mediante estadísticas: la mide cuando abre su negocio, transita por una carretera, utiliza el transporte público o manda a sus hijos a la calle.
Por eso, cualquier reducción estadística necesitará traducirse en una percepción tangible de tranquilidad para convertirse en verdadero capital político.
ECONOMÍA: EL BOLSILLO MANDA
Otro frente será inevitablemente económico.
Los discursos pueden hablar de estabilidad, inversión y programas sociales, pero la evaluación doméstica ocurre en otro sitio: supermercado, recibo de luz, gasolina, renta, empleo, salario y capacidad de ahorro.
El gobierno necesita generar certidumbre suficiente para que la inversión privada encuentre condiciones para crecer, mientras mantiene la política social que constituye uno de los principales pilares electorales del movimiento gobernante.
El equilibrio no será menor: repartir requiere recursos y para tener recursos permanentemente se necesita crecimiento.
LAS MEGAOBRAS Y LA CUENTA PENDIENTE
Tren Maya, Dos Bocas, Corredor Interoceánico y otras grandes inversiones heredadas seguirán formando parte de la discusión nacional.
Para Sheinbaum existe un desafío adicional: ya no basta defenderlas porque fueron proyectos emblemáticos del gobierno anterior. Su administración deberá demostrar que funcionan, producen beneficios, justifican sus costos y pueden mantenerse financieramente.
El tiempo de cortar listones terminó.
Llegó el tiempo de presentar cuentas.
EL FACTOR ESTADOS UNIDOS.
A todo lo anterior se suma una relación particularmente complicada con Washington.
Migración, narcotráfico, fentanilo, seguridad fronteriza, comercio, aranceles y revisión del T-MEC convierten la relación bilateral en uno de los mayores desafíos de Palacio Nacional.
México necesita defender soberanía sin dinamitar su principal relación comercial y, simultáneamente, evitar que las presiones estadounidenses terminen marcando la agenda doméstica.
Es probablemente uno de los ejercicios de equilibrio más delicados del sexenio.
¿CONTINUIDAD O NUEVO SEXENIO?
Pero quizá el desafío político más profundo de Claudia Sheinbaum sea construir su propia presidencia.
López Obrador continúa siendo una referencia inevitable dentro de Morena. Su legado, sus cuadros políticos y su concepción del movimiento permanecen presentes.
Sin embargo, ningún presidente puede gobernar seis años exclusivamente bajo la sombra de su antecesor.
Tarde o temprano tendrá que aparecer una frontera política.
No necesariamente una ruptura.
Pero sí una identidad.
Porque conforme avance el calendario, resultará cada vez menos convincente atribuir los problemas exclusivamente a lo recibido y los éxitos únicamente a la continuidad.
El segundo aniversario marca precisamente ese punto.
A partir de ahora habrá una pregunta cada vez más difícil de esquivar:
¿Dónde termina el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y dónde comienza verdaderamente el de Claudia Sheinbaum?
El Segundo Informe podrá contener centenares de páginas, estadísticas, gráficas, programas y realizaciones.
Pero posiblemente toda su lectura política termine reducida a algo mucho más sencillo:
resultados.
Dos años ya pasaron.
Quedan cuatro.
Y en política, cuatro años pueden parecer una eternidad…
hasta que comienza la cuenta regresiva.
DHM NEWS / DIARIO DE DIARIOS…
