Por: Dahemont
Acudí al Panteón Florido, donde descansan sus restos áridos y… ¡nada!
Luego encaminé mis pasos hacia la iglesia de San Sebastián, donde cada año familiares, amigos, correligionarios y viejos compañeros suelen ofrecer una misa por el descanso eterno de su alma.
Tampoco.
Ni sus luces.
Muy discretamente viré entonces hacia la Casa del Pueblo, histórica sede del Revolucionario Institucional. Ahí, un pequeño grupo de fieles tricolores degustaba café, anécdotas y, por supuesto, grilla de la buena.
Rebusqué después por los antiguos dominios de la CTM.
¡Nanay de Paraguay!

Redondeaba ya el recorrido por aquellos sitios clásicos donde cada 18 de agosto se recordaba el aniversario luctuoso de nuestra Leyenda, Víctor Manuel Cervera Pacheco, sin animarme todavía a viajar hasta Progreso para contemplar una de las obras emblemáticas de su gobierno: el Puerto de Altura.
Ahí está.
Ahí está… como la Puerta de Alcalá.
Pensé incluso dar un bolteooón hasta su natal Dzemul, pero las lluvias vespertinas y aquel cielo que comenzaba a ponerse color de hormiga me quitaron semejante aventura carretera de la cabeza.
Como decimos los yucas:
“Maté mi pavo antes de Navidad”.
Pero, ¿a quién diablos se le ocurre tomar café en solitario?
Sin pensarlo más, acudí al conocido nido de grillosos: Mi Viejo Molino Norte, frente al CUM.
Y…
¡¡Oh, sorpresa!!
Sentado en solitario, meditabundo, frente a una taza del aromático grano jarocho, estaba él.
La Leyenda.
Me miró de reojo y, sin siquiera saludar, soltó:
—¿Tú me hueles? ¿Qué carajos quieres saber ahora?
PRIMERA PREGUNTA
DHM.— Perdón si te inoportuno, mi líder. Aprovechando el viaje, dame chance de una breve plática. ¿Esperas a alguien?
VCP.— Ok, no problem. Pero no dilates. Estoy esperando turno para reincorporarme a mi nube.
DHM.— Gracias. Sólo tres preguntas. ¿Cómo ves la ciudad de Mérida? Tú la gobernaste al inicio de los años setenta. ¿Qué piensas de su crecimiento actual?
Cervera acomodó el cuerpo, bebió un sorbo de café y disparó:
VCP.— Alguien tendrá que poner orden al crecimiento. No puedes extender indefinidamente viviendas, bodegas, comercios y fraccionamientos sin preguntarte antes de dónde saldrán el agua, las calles, los servicios, la seguridad, el transporte y los alimentos.
Hizo una pausa.
—Agua potable, medio ambiente, seguridad, transporte urbano, migración y educación. Ahí tienen buena parte del examen que Mérida tendrá que aprobar en los próximos años.
Y añadió:
—Una ciudad no se gobierna contando solamente cuántas casas construyes. Se gobierna preguntando si quienes vivirán en ellas tendrán agua, movilidad, escuelas, seguridad y calidad de vida.
¡Tómala!
SEGUNDA PREGUNTA
DHM.— La política. Las transgresiones electorales. El chapulineo. Los políticos que hoy aman un partido y mañana aman al contrario…
Cervera esbozó una leve sonrisa.
Miró fijamente hacia lontananza y contestó:
VCP.— Se ha perdido buena parte del respeto por los acuerdos políticos y por las instituciones electorales. Antes los partidos tenían que salir a conquistar el voto ciudadano; hoy demasiados creen que basta con administrar estructuras, programas, candidaturas o conveniencias.
Movió lentamente la cabeza.
—El voto jamás debería convertirse en mercancía. Cuando eso sucede, la democracia empieza a regresar hacia tiempos que creíamos superados.
Luego recordó sus propias batallas:
—Yo también conocí derrotas. Y vaya que algunas dolieron. La política te enseña que unas veces mandas y otras tienes que aprender a escuchar desde abajo.
Me observó fijamente.
—Tal vez por eso sigo aquí, dando vueltas en este condenado limbo celestial…
Soltó una carcajada.
Después miró un reloj inexistente.
—¿Cuál es tu tercera y última pregunta? Apúrate, porque mi nube no es taxi y no espera eternamente.
TERCERA PREGUNTA
DHM.— Estados Unidos está interviniendo cada vez más en la conversación sobre narcotráfico, lavado de dinero, seguridad y corrupción en México. Desde allá se lanzan acusaciones y señalamientos contra políticos, empresarios y funcionarios mexicanos. ¿Hasta dónde puede llegar esa presión?
La expresión de Cervera cambió.
Ya no hubo sonrisa.
VCP.— Tu larga pregunta contiene parte de la respuesta. Cuando la corrupción logra penetrar instituciones, empresas o gobiernos, la confianza pública se pudre desde adentro.
Guardó silencio unos segundos.
—Pero tampoco se engañen con los americanos.
Levantó el índice.
—Estados Unidos no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes: tiene intereses permanentes.
Otro sorbo de café.
—Petróleo, comercio, seguridad, migración, inversiones, rutas estratégicas… ahí está buena parte del tablero. Los gobiernos cambian; los intereses nacionales permanecen.
Me miró directamente:
—Así que México debe limpiar su propia casa, fortalecer sus instituciones y defender su soberanía con instituciones respetables, no con discursos.
Y remató:
