Por: Cuco Mora

“¡Se ve, se siente, el huachivoto 027 está presente!”, coreaban a todo pulmón las huestes guindas del xtokoy solar nativo…

Atrás quedaron aquellas tretas electorales infames de los tiempos en que el tricolor poblaba la campiña nacional: el clásico “ratón loco”, las urnas embarazadas, el money is money, el padrón rasurado y toda aquella colección de mapacherías destinadas a confundir, distraer o torcer la voluntad ciudadana en las casillas.

Aquello parecía insuperable.

¡Beyhualé!

Resulta que la imaginación política mexicana siempre encuentra cómo modernizarse.

LAS HISTORIAS DE HOY…

Muchas de aquellas viejas denuncias dejaron de ser patrimonio exclusivo de la oposición cuando, al finalizar la segunda década del siglo XXI, el tlatoani de Macuspana consiguió, en su tercer intento, sentarse en la silla presidencial de Mexicalpan de las Tunas.

Y entonces…

Hoy, hoy, hoy… (Fox, sic).

Aparecieron aquellos videos de Pío López Obrador, hermano del entonces presidente, recibiendo paquetes y sobres cuyo contenido fue presentado públicamente como “aportaciones” para el movimiento. Después vinieron explicaciones, investigaciones, deslindes y el consabido:

—Yo no fui, fue Teté…

Pero las imágenes quedaron para la historia.

Y mientras unos hablaban de aportaciones, otros comenzaron a hablar de algo mucho más grande, complicado y pestilente: el huachicol y, posteriormente, el llamado huachicol fiscal.

De ahí nace nuestro engendro electoral:

¡EL HUACHIVOTO 027!

Porque la pregunta incómoda —y conste que pregunta no es sentencia— resulta inevitable:

¿Puede el dinero procedente de redes ilegales terminar financiando estructuras, operadores o campañas políticas?

Ahí está el verdadero tamaño del asunto.

LA TELARAÑA

Se ha señalado públicamente —y las autoridades tendrán que investigar y probar responsabilidades individuales— la posible participación o infiltración de personajes vinculados con aduanas, áreas del sector energético, transportistas, empresarios, servidores públicos y redes criminales en distintas operaciones relacionadas con el contrabando y comercialización ilegal de combustibles.

Y cuando semejante cantidad de dinero circula por carreteras, puertos, ferrocarriles, pipas, depósitos, factureras y empresas fantasma, aparece inevitablemente otra pregunta.

¿Nadie ve nada?

¿Ningún jefe?

¿Ningún funcionario?

¿Ningún político?

¿Ningún candidato?

¿Ningún partido?

¿Ningún poderoso?

¡No me jodan!

Porque mover cantidades gigantescas de combustible clandestino no es como esconder una botella de Xtabentún debajo del hipil.

Se necesitan infraestructura, transporte, documentos, complicidades y, sobre todo…

silencios. Muchos silencios.

DEL HUACHICOL AL HUACHIVOTO

Aquí es donde Cuco Mora comienza a rascarle la panza al cochino.

Si durante años el combustible ilegal produjo fortunas multimillonarias, habría que investigar hasta el último peso para determinar quién ganó, quién protegió, quién permitió y, especialmente, dónde terminó ese dinero.

Porque si alguna parte hubiese llegado a financiar campañas, candidatos u operaciones electorales, ya no estaríamos hablando solamente de huachicol.

Estaríamos frente al:

HUACHIVOTO.

Dinero clandestino convertido en propaganda.

Combustible convertido en bardas.

Pipas transformadas en espectaculares.

Facturas convertidas en movilización.

Y millones de pesos convertidos en…

¡VOTOS!

Ese sería el verdadero escándalo.

LOS ENANOS CRECIERON…

Lo peor es que los enanos crecieron, se multiplicaron y algunos súbditos descubrieron que también podían construir sus propios feudos.

Gobernadores, alcaldes, operadores, funcionarios, contratistas, empresarios y aprendices de tlatoani entendieron una vieja máxima de la política mexicana:

el poder sin vigilancia produce tentaciones… y con dinero de por medio, produce milagros.

Durante ocho larguísimos años hemos visto cómo las “benditas redes sociales” —esas mismas que alguna vez fueron elevadas a instrumento del pueblo— se convirtieron también en escaparate donde aparecen videos, documentos, denuncias, propiedades, viajes, lujos, contratos y contradicciones.

Y poco a poco se descascara la pintura del discurso impoluto.

Porque una cosa es pregonar:

“No somos iguales”.

Y otra muy diferente demostrarlo.

COLOFÓN

El Huachivoto/027 todavía no puede presentarse como verdad judicial ni como sentencia consumada.

Pero como hipótesis política resulta demasiado grave para esconderla debajo de la alfombra.

Por eso, antes de las elecciones de 2027, México necesita saber hasta dónde llegaron las redes del combustible ilegal, quiénes participaron, quiénes las protegieron y, especialmente, si un solo peso de esas operaciones terminó financiando estructuras político-electorales.

Porque si eso ocurrió…

El viejo ratón loco habrá quedado como juego de niños.

Las urnas embarazadas, como artesanía electoral.

Y el antiguo mapache, aquel pobre cabrón que cargaba credenciales y compraba votos…

habrá sido jubilado por una maquinaria muchísimo más sofisticada:

EL HUACHIVOTO.

Beyhualé, ninio…

¡Ta manchado tu justán, ok!

Por: Cuco Mora/ Redacción …

Por admin