Por: El Jefe Plumablanca
Un millón 200 mil habitantes y contando. A ellos súmele cerca de medio millón de personas que todos los días entran y salen de la zona metropolitana, más el incesante flujo de turistas nacionales y extranjeros que recorren esta Muy Leal Ciudad de Mérida.
Ese enorme universo humano nos está gritando una realidad que algunos prefieren ignorar y otros, de plano, o han querido o no no quieren escuchar.
PASOTES…
Mientras la grilla política ocupa titulares y la popularidad se convierte en obsesión, Mérida crece a pasos agigantados, pero también lo hacen sus carencias. Se expande como una enredadera sin rumbo fijo, sin una visión integral que la convierta en la ciudad modelo que tanto presumimos.
La antigua Ciudad Blanca, la de las palmeras, las veletas y las calles tranquilas, poco a poco pierde su identidad bajo el peso del crecimiento desordenado.
NI MODOS…
Tal vez a algunos colegas les sorprenda el tono de estas líneas. Ni modo. Después de mis 86 años caminando estas calles, respirando su historia y viendo pasar administraciones de todos los colores, me he ganado el derecho de decir lo que pienso, aunque incomode.
CABISBAjO…
Ser lunes salí del Centro Cultural “Olimpo” con una mezcla de tristeza, preocupación y desencanto. Comprendo que la alcaldesa “La Chula” Patrón procure fortalecer su imagen pública y mantener comunicación con los nuevos comunicadores de las redes sociales —salvo honrosas excepciones—, pero también entiendo que el tiempo apremia y que la ciudad reclama respuestas mucho más profundas que los aplausos de ocasión.
Que nadie malinterprete estas palabras. Los animales (cánidos y felinos) merecen respeto, protección y políticas públicas que garanticen su bienestar. Eso no admite discusión.
Pero también lo merecen las familias que todos los días esquivan baches, padecen embotellamientos, caminan sobre banquetas destruidas, soportan inundaciones, enfrentan un transporte insuficiente y observan cómo el crecimiento urbano rebasa, una y otra vez, la capacidad de respuesta de las autoridades.
Mérida necesita mucho más que campañas simpáticas. Requiere planeación, infraestructura, movilidad moderna, drenaje pluvial, agua potable suficiente, rescate de parques y mercados, orden vial, seguridad permanente y una visión de largo plazo. Gobernar no consiste únicamente en administrar el presente; significa anticiparse al futuro antes de que los problemas se conviertan en crisis.
La política es una herramienta para transformar vidas, no un concurso de popularidad. Desde el alba hasta la medianoche, el ama de casa, el obrero, el estudiante, el comerciante, el empresario y el profesionista viven las consecuencias —buenas o malas— de cada decisión gubernamental. Por eso el voto no es un cheque en blanco; es un mandato que obliga a servir con resultados.
Porque una ciudad no se gobierna desde los reflectores, sino desde las calles.
Te lo digo, Juan… para que lo entiendas tú… y también Juana.
Porque lo que viene no será un día de campo. Será la madre de todas las batallas políticas en Yucatán.
El Jefe Plumablanca…
