Por: Federico Snap
Decía la inolvidable “Tía Tula”: “Cuando veas las barbas de tu vecino rasurar, pon las tuyas en remojo”.
Advertencia vieja… pero vigente como sentencia.
Y vaya que aplica.
Porque cuando el vendaval del COVID-19 cayó sobre México, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador lo minimizó con su ya célebre “como anillo al dedo”… mientras el tristemente célebre “Doctor Muerte” —ese burócrata de bata y soberbia— tejía una narrativa que terminó costando cientos de miles de vidas. El miedo no fue pandemia… fue política mal manejada.
Hoy, el péndulo regresa.
El escándalo que brota desde las entrañas judiciales de Nueva York no es cualquier chispa… es incendio. El nombre de Rubén Rocha Moya comienza a resonar en expedientes que huelen a pólvora y traición. Y en el centro del huracán, el viejo capo, el cantante de verdades incómodas: el Mayo Zambada.
Los testimonios no son rumores de cantina… son dinamita judicial.
Y entonces… ¡pum!
Revienta el horno.
Salpica a la “pandilla culichi”, a operadores, a cómplices, a los de siempre… y a los que juraban estar blindados. El sistema entero, ese que se creía intocable, hoy patalea como gato boca arriba, negando lo evidente mientras el cerco se cierra.
Desde el norte sopla un viento frío: extradiciones, listas negras, expedientes abiertos…
y una fila que no deja de crecer.
Una decena ya está en la mira.
Treinta más… calentando banca.
La fetidez no se puede tapar con discursos.
Y aquí es donde la frase cobra sentido brutal:
barbas en remojo… porque las tijeras ya están trabajando.
¿Y los “Tres Terribles Infantes”?
Dicen que ya andan viendo mapas… por si toca exilio tropical.
Esto apenas comienza.
Continuará…
Porque cuando la verdad empieza a hablar,
nadie queda sordo.
Federico Snap / DHM
