Por: Cuco Mora

No hay peor persona que un mal agradecido —sentencian los cafetólogos, amantes de la grilla local—, quienes pusieron sobre la mesa el caso del “cenador” JC Ramírez Marín, mejor conocido como “El Purux” o “Gordito Marín”.

De extracción panista en su juventud, luego reciclado como destacado priista —donde incluso alcanzó la presidencia del CEN tricolor en la entidad—, acumuló cargos legislativos a diestra y siniestra, principalmente por la cómoda vía plurinominal. Y de ahí, pal real: seguido abandono de barco y salto mortal al PVEM, asegurando curul senatorial reload hasta la fecha.

¡Ah!, sin olvidar su ambición por la gubernatura del estado: se inscribió como aspirante en Morena, pero el entonces dirigente, Mario Delgado, lo bateó sin contemplaciones. Kaput. Fuera. Por estar —dicen— “en el lado incorrecto de la historia”.

MALAGRADECIDO…

En olorosas mesas cafeteras, la charla giró en torno a los señalamientos de diversos medios del xtokoy solar, donde se dibuja la figura de un personaje malagradecido.

Su bajeza —dicen— radica en un carácter profundamente personalista: recibe apoyos, escala posiciones… y luego, amnesia. La prepotencia le nubla la memoria y olvida a quienes lo empujaron. Los deja mascando coraje, mientras concentra beneficios en su círculo íntimo, particularmente en su cachorro, el “Croata” (JC de M. Ramírez Granados).

Y tan tan. Háganle como puedan.

HUMO…

Sus aspiraciones por la gubernatura se le han ido como agua entre las manos. El alejamiento de su equipo —operadores que en su momento fungieron como escalones— hoy se traduce en desdén: le dan la espalda.

Lo mismo ocurre con quienes —afirman— fueron esquilmados en el camino: gruistas, franquiciatarios, comerciantes, hoteleros… hasta personajes foráneos de dudosa reputación. Promesas al viento. Y luego… puff.

COLOFÓN

Los cafetólogos, hurgando en sus sabucanes, desempolvaron viejas historias del parlamentario: desde sus inicios como “maestro” en un colegio de señoritas —etapa que terminó en señalamientos delicados—, hasta su adhesión a grupos políticos que lo catapultaron.

Siempre con la camiseta lista para cambiar de color: saltando de un lado a otro, cual chapulín, haciendo gala de su vozarrón… y amasando, paso a paso, una fortuna que muchos califican de inexplicable.

Hoy, dicen, ya se escuchan los primeros trinos de las golondrinas.

Continuará…

Cuco Mora

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