Si tienes hijos, si caminas, si corres, si te mueves en moto… lo sabes.
Alguien que va tarde, acelerado o distraído pone en riesgo a otros por no haberse organizado —o por vivir en urgencia permanente.

La vida no es tan distinta.

La prisa suele venir disfrazada de justificación:

me urge ese trabajo, me cierran la puerta, necesito esa venta, no soy el jefe.
Pero si lo pensamos con calma, solo las ambulancias tienen permiso de vivir con prisa. Los demás tenemos la responsabilidad de trabajarnos.

No vivir con prisa no es lentitud.
Es haber elegido mejor.
Es haber soltado opciones que no tocaban.
Es construir una relación sana entre causa, tiempo y espacio.

La prisa no es aspiracional.
Es caos, urgencia, egoísmo, desorden.
La calma, en cambio, sí es elegante.

¿Y en qué podemos invertir hoy para vivir con más calma?

Primero, en administración del tiempo.

Cuando sabes exactamente a qué le dedicas tiempo —y a qué no— la prisa disminuye. Eso es lujo. Y no siempre se paga con dinero, sino con hábitos y valores que te devuelven libertad. Cuando eliges conscientemente, el tiempo deja de traslaparse y la urgencia pierde fuerza.

Segundo, en libertad emocional.
A mis vendedores siempre les digo: no vendas con hambre, no muestres urgencia. El hambre no vende. La prisa se siente. La libertad emocional es poder cerrar un tema y abrir otro sin cargar la energía del anterior. Es pasar de cobrar a planear una cena con tu pareja sin contaminar el momento. Eso también es éxito.

Tercero, en libertad financiera.
Como bien dice mi hermano: lo que no resuelve el tiempo, lo resuelve el dinero. Para bien o para mal. Sentirte capaz de producir dinero reduce la urgencia, baja la ansiedad y te devuelve presencia.

La prisa no es inevitable.
Se trabaja.

Mi nombre es Alejandro Granja-Peniche y deseo que tengas más presente.
En mis redes comparto la versión extendida de esta columna, donde profundizo en más herramientas para vivir con calma.

EXTENSION DE LA COLUMNA DEL Diario de Yuactan del dia 5 de enero del año 2026

La calma se construye: perdón y salud

En la columna hablamos de tres inversiones clave para alejarnos de la prisa: administración del tiempo, libertad emocional y libertad financiera. Hoy quiero sumar dos más que las sostienen a largo plazo: el perdón y la salud.

Las tres primeras muchas veces buscan resolver lo inmediato.
El perdón y la salud, en cambio, trabajan el fondo.

Cuando vivimos con prisa por falta de dinero, de orden o de tiempo, el primer paso es perdonarnos. Perdonar decisiones pasadas. Perdonar errores. Perdonar habernos metido en situaciones que hoy nos pesan. Soltar la idea de “debí haberlo hecho distinto” y aceptar la realidad actual.

Eso es perdón:
aceptar, rendirse al presente y dejar de pelear con el pasado.

Y donde hay perdón, no hay prisa.
La prisa vive en la resistencia.

Lo mismo sucede con la libertad emocional. ¿Cuántas veces no puedes dejar de pensar en un problema? ¿En una idea fija? Cuando ya pensaste todas las opciones y ninguna te dio paz, toca aceptar. Y aceptar libera. La aceptación rompe el ciclo de urgencia mental.

La salud completa el círculo.
Hay una relación directa entre prisa y salud. Cuando hay salud, hay tiempo. Cuando hay tiempo, puedes planear. Cuando puedes planear, la prisa pierde sentido. Invertir en salud es invertir en presente y en futuro.

Las decisiones que nos alejan de la prisa casi siempre son de mediano y largo plazo.
No dan adrenalina inmediata, pero construyen calma.

Mi intención es compartir lo que a mí me ha servido.

Cuéntame en mis redes: ¿qué hábito, herramienta o decisión te ha ayudado a vivir con menos prisa y más presencia?

Nos leemos en el futuro .
Alex Granja Peniche.( El Netas) Dahemont…

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