El tiempo es un recurso limitado. Y administrarlo bien es una forma de riqueza.
La riqueza no se mide solo por lo que acumulas, sino por cómo usas, inviertes y multiplicas lo que tienes. Cuando escuché hablar del tiempo como un recurso no lineal, algo hizo clic: hay que invertir tiempo hoy en actividades y habilidades que te devuelvan más tiempo mañana.
En esta tercera columna de la serie, quiero hablar de la agenda como un camino de éxito y realización.
En la columna anterior hablamos de identidad: de quién queremos ser y del vehículo que necesitamos construir para llegar ahí. Decidir que quieres dar tiempo a tu pareja, a tus hijos, a tu trabajo, a tu salud o a tu espiritualidad es solo el primer paso. El segundo —y quizá el más retador— es distribuir el tiempo para que esa identidad se vuelva real.
No se trata de priorizar por moda, sino de escoger momentos, horas y espacios para fomentar esa versión de ti mismo.
Un amigo mío, atleta de alto rendimiento, compite en Ironman. Me explicó que para entrenar sin lesionarse necesita entre 8 y 10 horas a la semana, y si quiere mejorar resultados debe subir gradualmente hasta 16. No te digo que te vuelvas atleta, pero sí que entiendas esto: toda identidad exige una cantidad concreta de horas invertidas por semana.
Y aquí viene una pregunta incómoda:
¿cuántas horas a la semana estás dispuesto a dedicarle a trabajar tus emociones?
Sí, leíste bien: a terapia. Porque sostener una agenda que no dependa del estado emocional requiere disciplina, constancia y trabajo interno. No basta con motivación, afirmaciones o rituales aislados. Es un proceso.
Cuando la agenda se negocia con el ánimo del día, los sueños se postergan. Y sin darnos cuenta, podemos vivir años enteros emocionados por los planes, pero sin ejecutarlos.
La pregunta final es esta:
¿cuánto tiempo le vas a dedicar, cada semana, a cada aspecto de tu identidad?
Mi nombre es Alejandro Granja-Peniche. Lo que invierto hoy en tiempo, espero que se traduzca en un mejor presente y un futuro más sano y congruente.
En mis redes comparto la versión extendida de esta columna, con herramientas prácticas para diseñar tu agenda con intención.
VERSIÓN EXTENDIDA de la columna publicada por el Diario de Yucatan el 29 de Dic.
La agenda como arquitectura de tu futuro
¿Cómo te ves en diez años?
Y más importante aún: ¿qué estás haciendo hoy para llegar ahí?
Hemos hablado de identidad y de activos tangibles e intangibles. Hoy el foco es el tiempo: cómo administrar la agenda para darle espacio real a lo que queremos construir.
Si alguien quiere mejorar sus ingresos, no basta con gastar menos o invertir mejor. Necesita vender más, y para eso debe desarrollar habilidades. Eso implica poner en la agenda horas concretas de capacitación, práctica y ejecución. Diez horas a la semana durante un año pueden cambiar por completo tu realidad profesional.
Si ya vendes, pero te faltan prospectos, quizá la agenda necesita incluir creación de contenido, mentorías comerciales o estrategias digitales. Lo importante es esto: ponerlo por escrito, asignarle horario y volverlo inamovible, al menos por un periodo de prueba, y luego medir resultados.
La agenda también es una herramienta emocional. En mi caso, por ejemplo, decidí acompañar a mi hija a sus clases dos tardes por semana. Lo hablamos con claridad: parte del tiempo respondo mensajes y trabajo desde el celular, y la otra parte es atención total. El acuerdo nos dio paz a ambos y convirtió ese espacio en tiempo de calidad real.
Incluso el descanso se puede rediseñar. Ver televisión, por ejemplo, lo convertí en una actividad que hago mientras camino en una caminadora. No quité algo que disfruto; le di un propósito adicional.
Administrar el tiempo no es rigidez, es consciencia. Por eso divido el año en trimestres, los meses en semanas y los días en bloques ligados a mi identidad: salud, trabajo, familia, espiritualidad. Reviso, ajusto y continúo.
Procuro tener:
• una actividad conmemorativa al mes,
• una aventura importante por trimestre,
• y una experiencia al año que defina ese periodo de mi vida.
No tiene que ser igual para ti. Este es mi vehículo.
La pregunta que te dejo es simple y poderosa:
¿cómo quieres recordar el 2026?
Diseña tu agenda para que ese recuerdo no sea casualidad.
Gracias por leerme. Mi intención, como siempre, es compartir lo que a mí me sirve para acompañarte en tu propio proceso. Dahemont/ Alejandro Granja en redes sociales : El Netas…
