Qué triste es dar de más… y no ser reconocido.
Uno está aquí, esperando ser útil, aportando, construyendo… pero al parecer hay otras prioridades.
Recapaciten.
Porque lo que viene en materia electoral será de antología.
Lo que hoy parece ruido… mañana será estruendo.
Y entonces, la llamada “guerra” del Medio Oriente parecerá juego de chiquitines.
Sin embargo, que no se equivoquen:
la labor realizada en la comunicación por más de cinco décadas
no es improvisación ni ocurrencia.
Es cimiento.
Es columna vertebral, enhiesta y flamígera.
Y cuando se requiere,
se saca la casta…
y se sigue en la brega.
Porque al final del día, la memoria no se borra ni se compra: se construye con constancia, con calle y con credibilidad. Y cuando llegue la hora de las definiciones, más de uno volteará a ver —tarde— dónde siempre estuvo la voz que nunca se dobló.
