La isla caribeña enfrenta un momento crítico tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, lo que cambia el equilibrio político en la región. La dependencia de Cuba de Venezuela, construida durante más de dos décadas, se ha desmoronado, dejando su sistema político en una encrucijada.

La caída de Maduro ha alimentado una crisis interna en Cuba, donde la economía se encuentra en una situación de emergencia. El desabastecimiento de alimentos y medicamentos, junto con apagones prolongados, han afectado gravemente a la población y fomentado el descontento social, que se intensifica a medida que se generaliza la escasez.

Cuba, que sufrió un deterioro constante bajo el peso de su modelo socialista, ahora enfrenta nuevas amenazas. A pesar de las difíciles condiciones actuales, México ha decidido ofrecer ayuda humanitaria a la isla, destacando la histórica relación entre ambos países que data de los años sesenta y que se refuerza en momentos de crisis.

El gobierno mexicano, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha presentado este apoyo como un acto de solidaridad. Sin embargo, se plantean dudas sobre si esta ayuda es realmente un gesto de desobediencia ante Estados Unidos. Es posible que Washington tenga un papel tácito en la política mexicana hacia Cuba, buscando evitar desbordes migratorios y políticos.

El poder en el hemisferio es asimétrico y limita la autonomía de países como México y Cuba. Esta ayuda podría ser vista como un intento de gestionar un colapso potencial en Cuba, a la vez que se minimizan las repercusiones para la región. De esta forma, México podría estar desempeñando un papel estratégico, actuando con la aprobación de Estados Unidos en un contexto donde la revolución cubana enfrenta su mayor desafío interno.

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