Gabriel Retes, el cineasta de los temas desdeñados

En su cine hay historias reales, de esas que de tan crudas, incomodan. Gabriel Retes no sabía hablar de otra manera, su lenguaje cinematográfico fue siempre rebelde y sin miedo a exponer sus ideas.

Lo ruin que puede llegar a ser la vida en una ciudad (Chin Chin El teporocho), la epidemia del VIH (Bienvenido-Welcome, la experiencia de un periodista tras permanecer 20 años en coma (El bulto) y el cuestionamiento de la fe cristiana (Nuevo mundo) son algunos de los aportes que deja a la historia del cine mexicano.

Su obra es referente para las generaciones que le sucedieron, tal como escribió Guillermo Arriaga en un sus redes sociales: “Me acabo de enterar que murió Gabriel Retes. Me pesa. Varias películas suyas fueron muy influyentes en mi generación y era una excelente persona”.

De Arriaga llevó al cine la novela Un dulce olor a muerte (1999), protagonizada por Diego Luna.

Para la cineasta María Novaro, actual titular del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), Retes fue “un cineasta prolífico, polémico, brillante, divertido, enérgico, enloquecido y entrañable”.

“Nos deja su extensa obra con películas memorables como El bulto y Un dulce olor a muerte”, escribió en Twitter.

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